Escrita por: guy wholikesanime





Por otras opiniones (solo de temporada 1): aquí y aquí.

LOS AÑOS 50: SEXO DROGA Y RAKUGO


Shouwa Genroku Rakugo es un anime ubicado en el Japón de la segunda posguerra que gira en torno a dos chicos jóvenes, uno de ellos desaliñado y pendenciero, y el otro formal y estructurado, que buscan triunfar juntos en el mundo del arte a pesar de sus personalidades opuestas. La serie mezcla elementos de drama, comedia, y romance, con sobretonos yaoi, para hacer una historia de vida con el foco puesto en la amistad.

Personalmente creo que una buena historia puede convivir tranquilamente con sobretonos yaoi. Después de todo, si lo mismo es el caso para el fanservice dirigido hacia el público masculino, ¿Por qué esto habría ser diferente si la pieza en cuestión tiene como demografía a las mujeres?

En cualquier caso, Shouwa Genroku Rakugo Shinjuu es un buen anime. Está basado en un manga josei y fue producido por Estudio Deen. La serie fue dirigida por Shinichi Omata y escrita por Jun Kumagai, quienes a pesar de estar acreditados en muchas cosas (algunas de ellas decentes) han tenido pocos trabajos verdaderamente relevantes.

El rakugo es una forma de teatro tradicional japonés que consiste en una persona sentada en el escenario contando historias generalmente de corte humorístico. Un día, el maestro Yakumo conoce a un joven que quiere dedicarse a este arte, y decide adoptarlo como aprendiz. Esto ocurre en el primer episodio, y el resto de la serie narra la vida de Yakumo desde que era un niño hasta que se convirtió en un gran maestro. Ahora que ya estamos todos en la misma página, pasemos a la reseña.


¿DEEN PRODUJO ALGO BIEN?


El diseño y la animación son bastante buenos para los estándares de Deen. Repito, para estándares de Deen. El movimiento tiende a fallar, pero por suerte esta es una historia que no requiere mucha animación. La mayor parte del tiempo los personajes están hablando en una posición estática. Los diseños de los personajes son simples pero no desentonan, aunque me gustaría que las caras no se deformaran misteriosamente. Los efectos y los colores, son sosos y blandos, lo que es una pena porque los fondos sí que son muy bonitos y no les hubiese venido mal una buena iluminación o mayor contraste en los colores. La dirección tampoco es algo que me haría crecer un tercer testículo. Más allá de uno u otro plano bien usado, no añade demasiado por lo menos al aspecto visual de la obra. Pero bueno, a pesar de que está lejos de ser perfecto, el apartado visual es funcional, y considerando el estudio supongo que tenemos que agradecer que los ojos no nos empezaran a sangrar.

La banda sonora es increíblemente satisfactoria. La fusión entre instrumentos y ritmos tradicionales de Japón, con música de clara inspiración occidental, no sólo crean la atmósfera propia de los años cuarenta y cincuenta, sino que ayudan a llevar el ritmo hacia adelante y elevan muchísimo la serie, parte porque el director maneja muy bien la yuxtaposición audiovisual.

Las actuaciones de voz son muy buenas, y ya que los diseños de los personajes no suman mucho a la caracterización, es bueno ver que sí lo hacen los seiyuus.


UN CASO FUERTE PARA MEJOR ANIME 2016


No hay mucho que hablar en el departamento de historia. No hay ningún conflicto central, ni enormes escenas importantes, ni vehículos argumentales que constantemente muevan la trama hacia adelante, con excepción del mismo rakugo, pero ya nos ocuparemos del clavo en el tazón de cereal. Sí tuve un pequeño problema relacionado con varias conveniencias que se dieron a lo largo de la serie, pero son detalles que no afectan la calidad del conjunto.

Hay un foco muy fuerte puesto en los personajes y las consecuencias de sus acciones. Lo que hace fascinante a esta serie es la dinámica entre todo el cast. No sólo se trata de personajes multi-dimensionados, sino además perfectamente redondeados, y sólidos, con personalidades definidas, mucho carisma y motivaciones creíbles, que impulsan los eventos de la serie hacia adelante en lugar de esperar que las cosas lleguen desde afuera. Esta es la clave para hacer un buen drama. El anime nunca bombardea con melodrama estúpido ni fuerza los eventos para hacernos sentir empatía por los protagonistas, sino que deja que las cosas fluyan de forma orgánica, y da al cast el espacio que necesitan para poder actuar. Me hubiese gustado que las catarsis de los arcos de desarrollo fuesen tan buenas como los propios arcos de desarrollo, pero el elefante en el cuarto lo vamos a ignorar por ahora. A esto se le suma un diálogo muy pulido con un nivel excelente. Pocas veces vi una serie con estándares tan altos en las conversaciones y con tanta atención puesta a todo lo que dicen los personajes. La forma en la que se expresan es sumamente inteligente, y al mismo tiempo enormemente real, algo que es muy difícil de conseguir. Claramente si no te gustan las historias de vida con drama, mucho diálogo y el foco puesto en las interacciones de los personajes, Rakugo no es para vos.

Todos los temas están llevados adelante con madurez y seriedad, dando muchísima profundidad al anime como conjunto. La amistad es el más importante de la serie, y se ve reflejado en la relación entre los dos protagonistas, Kukihiko y Sakeroku (más allá de que se torne un tanto raro por momentos). Realmente la química entre ellos es hermosa, debido al contraste tan fuerte que existe entre sus personalidades. Kukihiko, el protagonista, es un hombre serio y estructurado, con un cierto aire melancólico y muy avocado a su trabajo. Practica todo el día para poder hacer de su Rakugo el mejor y honrar tanto al mundo del arte como a su maestro. Sakeroku, por otro lado, es un desaliñado y problemático que quiere adaptar al rakugo al nuevo tiempo. Le encanta beber y estar con mujeres, pero no tiene el más mínimo interés en practicar porque confía plenamente en su talento. El elemento de las personalidades opuestas es uno del cual yo soy fanático incondicional porque me parece que hace una dinámica muy divertida. Tal vez eso explique mi amor a las tsunderes, pero me estoy desviando. Los personajes secundarios son igualmente buenos y están tan bien armados y escritos como los principales, particularmente Miyokichi. Todo el mundo la odia por su rol en la historia, pero yo la quiero por la misma razón que quiero a Griffith: personaje excelentemente construido con el que me puedo masturbar. Los roles de género en el Japón de mediados del siglo XX, la batalla entre lo tradicional y lo revolucionario en el mundo del arte, los delirios que provoca la fama, las dificultades de llevar adelante una familia mientras se trabaja en el espectáculo, el impacto que tuvieron las nuevas tecnologías y costumbres en la cultura japonesa, de todas estas cosas nos habla Rakugo con una fluidez hipnótica, y una magnífica atención a los detalles. Se trata de una sublime mezcla de diálogo inteligente, personajes redondeados, profundidad temática, y atmósfera bien construida, todo eso con un ritmo que es en general muy bueno.

Oops, parece que tenemos que ir al laboratorio a disecar una oración. Efectivamente el ritmo se cae desde un quinto piso como las expectativas de mis padres cada vez que entramos en una secuencia de rakugo propiamente dicha, y esto es un problema muy grande porque se trata del principal vehículo argumental con el que cuenta la serie. El rakugo es aburrido, si bien es una forma sutil de transmitir los sentimientos de los personajes, pero ni por asomo es tan interesante, emocionante o entretenido como las interacciones entre ellos. Cada vez que un episodio se ve cortado por 5 minutos (o más) de uno de los monólogos, la serie pierde fuerza y se estanca, y aunque siempre recupera todo lo que la hacía buena para volver a su ritmo natural, estás marchas de “stop and go” la hacen muy inestable. La peor parte es que podrían haberse achicado muchísimo para hacer de la serie más consistente. Lo único que hacen es desmejorar una pieza que de otra forma sería muy buena.

Pero el verdadero problema es el final del anime. La serie termina de una forma completamente opuesta a todo lo bueno que dije antes. Melodrama horriblemente forzado. Toda la sutileza desechada. Una situación sumamente estúpida que pone en duda todo lo que la serie estaba construyendo. No es que el final en si sea malo, y de hecho la idea detrás de él y la catarsis posterior me gustan mucho. Es sólo que existen varios caminos de llegar a la misma conclusión de una forma inteligente y que encaje con el resto de la serie. Me decepciona, verdaderamente me decepciona que la persona responsable de semejante nivel de diálogo y caracterización haya sido incapaz de ver lo absurdo en esta conclusión. El desarrollo de los personajes es, como dije antes, lo que hace a la trama del anime, y ocupándonos ahora del elefante en el cuarto, el final claramente iba a traer consigo las catarsis de cada uno de los personajes, por ello reducirlo a una sencilla conveniencia argumental verdaderamente hace que pierda sentido lo más importante que tenía la serie.


UN AIRE DE RENOVACIÓN


Así y todo, estamos hablando de una pieza que trae nuevos aires y rejuvenece al medio. Claro que no es nada nuevo, sin embargo hace todo bien, cosa que es más de lo que puedo decir del resto del anime moderno, y por eso merece que descorche un champagne. Una lástima que haya pasado desapercibida. Shouwa Genroku Rakugo es una sólida historia de vida combinada con un buen drama histórico, que se vió tirada abajo por un ritmo con pausas demasiado largas y un final bastante patético. Pero quien necesita de eso cuando tenemos diálogo inteligente, personajes interesantes, atmósfera bien construida, y fan arts yaoi por todo Tumblr y DevianArt. 

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